Si tienes una duda, seguramente esté aquí. Y si no, escríbeme y te la resuelvo sin compromiso.
Es un acompañamiento para que te conozcas en profundidad y vuelvas a tomar las riendas de tu vida, tus emociones y tus decisiones. Lo que lo diferencia de otros enfoques es que no nos quedamos en lo que te molesta por fuera —tu pareja, tu trabajo, esa situación que se repite—, sino que miramos qué parte de ti se toca con eso. Porque casi nunca nos duele lo que pasa, sino el significado que le damos. Cuando entiendes ese significado y lo cambias, dejas de reaccionar igual y empiezas a elegir distinto: con más calma, más claridad y más amor propio. No te doy consejos ni te digo lo que tienes que hacer; te acompaño a que lo veas tú, porque eso es lo que de verdad sostiene el cambio.
No, y me gusta dejarlo claro desde el principio. La terapia psicológica trata unos determinados problemas y la hace un profesional clínico. Lo mío es acompañamiento para personas con una mente sana que atraviesan temas cotidianos: falta de autoestima, relaciones que desgastan, decisiones que no llegan, miedos, etapas de bloqueo. Trabajo de forma práctica y al grano, centrada en el presente y en lo que sí está en tu mano. Si en algún momento veo que lo que necesitas es atención clínica, te lo diré con honestidad y te animaré a buscar a un profesional. Nunca jugaré a ser algo que no soy.
Para nada, y es una idea que conviene soltar. No hay que tocar fondo ni esperar a estar roto para pedir ayuda; de hecho, cuanto antes mires eso que te incomoda, más fácil es trabajarlo. Vienen personas que están bien pero sienten que algo no termina de encajar, que se repiten patrones, que les cuesta quererse o decidir. Con que tengas ganas de entenderte mejor, es suficiente para empezar.
La figura del coach es todavía algo que estamos empezando a comprender como sociedad, y esto se intensifica cuando dejamos atrás el coaching deportivo o ejecutivo para entrar en el terreno transpersonal. Lo transpersonal hace referencia a ir más allá de lo personal: es una mirada profunda hacia uno mismo y hacia el relato que nos estamos contando para entender la realidad que vivimos hoy. Una discusión que no dejamos de repetir en nuestra cabeza, una ruptura de cualquier tipo de vínculo, nuestra relación con lo material, la dificultad para poner límites o, al contrario, el aislarnos en exceso… son muchas las situaciones del día a día que nacen en nuestra propia mente, y por eso, justo ahí, también se encuentra la solución.
Todos los profesionales dedicados a la mente pueden acompañarte en tus procesos personales, cada uno con su método, y no voy a decir que uno sea mejor que otro, siempre que hablemos de cuestiones que no entren en el terreno de los trastornos mentales. En mi caso, y por experiencia propia, lo que más me ayudó a conocerme fue el coaching transpersonal. Más allá de eso, dependiendo de la incertidumbre que esté atravesando, valoro si puedo trabajarlo yo sola, si necesito un coach, o si es momento de acudir a un psicólogo especializado en lo que esté viviendo, porque todos pasamos por distintas etapas en la vida.
Se trata de probar y encontrar lo que mejor se adapte a ti. ¿Y cómo se prueba? Empezando a tener sesiones cuando sientas que ha llegado tu momento de buscar apoyo en algo que estás viviendo y no sabes ya qué más hacer, o cómo cambiarlo.
Todo es online, para que puedas hacerlo desde casa, sin desplazamientos ni perder tiempo. El coaching es en videollamada de una hora, donde hablamos y trabajamos tu tema en directo. El tarot, el oráculo y las runas los hago normalmente por chat, así puedes leer la lectura con calma y volver a ella cuando quieras. Vienes con lo que te preocupa y trabajamos sobre eso, sin rodeos ni relleno. No necesitas preparar nada: solo venir con ganas de mirar.
Es de lo más normal, y no tienes que aclararlo tú solo. Cuéntame por encima qué te ronda y te oriento hacia lo que mejor te encaje. A veces alguien viene a por una lectura y acabamos viendo que lo suyo es coaching; otras es al revés, y una tirada abre el tema que luego trabajamos a fondo. Se trata de empezar; el camino lo vamos ajustando.
Muchas personas se llevan algo claro ya desde la primera: una toma de conciencia, un cambio de mirada, algo que se mueve por dentro. Cuántas necesites a partir de ahí depende de ti, de tu tema y de lo profundo que quieras ir. No trabajo con paquetes obligatorios ni te ato a nada: vamos viendo juntas, sesión a sesión, y tú decides hasta dónde.
Tienes el detalle en cada página de servicio para que sepas exactamente qué incluye cada una antes de decidir. Si dudas sobre cuál te conviene, escríbeme y lo vemos.
Desde la página de contacto: Me escribes con al menos dos días de antelación y te envío los detalles para que hagas el pago por adelantado.
Una cosa importante: abro agenda solo unas mañanas a la semana, porque cuido cada plaza y prefiero atender bien a poca gente que regular a mucha. Así que si ves un hueco que te encaja, cógelo.
Lo importante: avísame con tiempo y reprogramamos sin problema. Entiendo que la vida pasa; solo te pido que me lo digas en cuanto lo sepas, para poder ofrecer ese hueco a otra persona.
Por completo. Todo lo que me cuentes se queda entre tú y yo. Este es tu espacio seguro: aquí no tienes que fingir que estás bien ni cuidar las formas. Puedes hablar con total libertad.
Intentar que las reservas sean con al menos dos dias de antelación, el pago también en el momento de reservar o dos días antes y que si dentro de esas 48 horas quieren cancelar, no se devuelve el dinero, pueden posponer la cita una vez en un plazo de 15 días o por tan poco tiempo de previsión, pierden cita y dinero.
Agendar una cita es un compromiso mutuo de asistencia y de entrega personal, organizo mi vida para poder estar contigo y tú conmigo y ante el poco tiempo de cancelación, seguramente otra persona ya no pueda aprovechar ese hueco que hice para ti.